RUSH: propiedad privada
Todos tenemos al menos un artista que consideramos 'nuestro' por el mero hecho de no ser conocido por las personas de nuestro entorno y/o no ser el típico disco que te encuentras en la sección de música de cualquier gran superficie. La relación que tenemos con ese artista la consideramos casi privada aunque sepamos que en el mundo hay miles o incluso tal vez millones de personas con el mismo gusto por dicho artista. El caso es que nos sentimos miembros de una minoría de privilegiados, de elegidos, de afortunados por conocer a ese artista. Por un lado nos gustaría hacerlo público a los cuatro vientos, y de hecho seguro que más de una vez hemos dado la brasa con ello a algún amigo; pero por otro lado, en el fondo, deseamos que el 'secreto' no se extienda demasiado, no vaya a ser que perdamos la exclusiva.
Uno de los grupos con los que tengo esa sensación es Rush. Sí, ya sé que vende millones de discos en todo el mundo, que llevan más de 30 años de carrera, y que tampoco es tan difícil encontrar discos suyos en cualquier tienda, pero es que... ningún amigo o compañero los conoce y en España no se venden una mierda.
A mi me gusta que sean canadienses, que sean tres, los mismos tres desde hace muchos años, que tengan la manía de sacar un directo cada cuatro álbumes de estudio para cerrar ciclo y modificar su sonido de cara al siguiente... También me gusta que fueran un tanto autoindulgentes y pretenciosos en algunas de sus canciones. En fin, cosas mías.
Estos días escuchando su último disco Snakes and Arrows, y mientras decido si le otorgo un 3.5 o un 4.0 sobre 5.0 (no me extrañaría si al final le diera un 4.5), vuelvo a sentir esa complicidad entre ellos y yo.
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